Qué conviene tener preparado antes de encargar tu web
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Una web se atasca muy pocas veces por motivos técnicos. Lo habitual es más prosaico: la estructura funciona, el diseño está resuelto y todo se queda quieto quince días esperando la descripción de un servicio o una foto decente del local.
Esto es lo que conviene reunir antes de sentarse a montarla, y qué ocurre exactamente cuando falta cada pieza. Vale igual si la web la vas a construir tú o si se la vas a encargar a alguien: lo que falta, falta en los dos casos.
Los textos, que es lo que más pesa
No hace falta que estén redactados ni bonitos. Hace falta que exista la materia prima:
- Una frase que explique a qué se dedica el negocio sin jerga y sin adjetivos. Si un vecino no la entendería, todavía no está.
- Un párrafo por servicio: qué es, para quién, qué incluye y qué no.
- Datos reales para la página de presentación: desde cuándo se trabaja, dónde, con qué tipo de cliente, qué titulación o licencia hay detrás.
- Dos o tres opiniones de clientes con nombre y apellido, si los hay. Valen más que cualquier eslogan.
Qué pasa cuando falta. Se rellena con texto genérico del tipo «calidad y compromiso desde el primer día», que no distingue el negocio de ningún otro y que en buscadores no posiciona por nada. La alternativa es dejar la web a medias hasta que llegue, que es como acaban la mayoría. La redacción se puede encargar aparte, y está en el catálogo de extras, pero ni siquiera así se ahorra el trabajo de fondo: nadie puede escribir desde fuera qué hace tu negocio y en qué se diferencia.
Las fotos
Sirven las fotos propias: del local, del equipo, del producto, del trabajo terminado. Horizontales, con luz natural, y al menos a 2.000 píxeles de ancho. Diez buenas rinden más que cien mediocres.
No sirven las capturas de WhatsApp, las imágenes con la marca de agua de un proveedor ni lo que se descarga de una búsqueda de Google. Esto último no es una cuestión de estética: las reclamaciones por uso de imágenes con derechos son frecuentes y caras.
Qué pasa cuando falta. Se recurre a imágenes de banco, que están en el catálogo de extras. Funcionan y quedan correctas, pero se pierde justo lo que hacía creíble a la web. Una peluquería con la foto de su propio local convence más que otra con una modelo sonriendo en un estudio de Ohio.
La otra salida es dejar el hueco rotulado y publicar igual, con la descripción de lo que irá ahí. Es menos grave de lo que parece: se sustituye el día que exista la foto y la web entretanto ya está trabajando.
El logo y los colores
Lo ideal es el logo en formato vectorial: SVG, AI o EPS. Si solo hay un PNG, que tenga fondo transparente y unos 1.000 píxeles de ancho como mínimo. Si existen códigos de color de marca, conviene tenerlos anotados.
Qué pasa cuando falta. Se acaba recortando el logo de una foto del rótulo, y se nota. Un logo pixelado en la cabecera es la primera señal de web barata, aunque todo lo demás esté bien resuelto.
No tener logo no bloquea nada: hay negocios que funcionan perfectamente con el nombre bien compuesto tipográficamente. Lo que no funciona es un logo malo puesto a tamaño grande.
El dominio y el correo
Antes de empezar conviene comprobar dos cosas: quién figura como titular del dominio y quién tiene acceso al panel donde se gestiona. Si lo registró una agencia anterior o un conocido que ya no está localizable, recuperarlo puede llevar semanas de trámite.
Qué pasa cuando falta. La web queda terminada y sigue sin poder llevar la dirección con la que te conocen tus clientes. Es el retraso más frustrante de todos, porque a esas alturas ya no depende de nadie que esté tocando la web: son trámites entre registradores, y llevan lo que llevan. Por eso conviene mirarlo el primer día y no el último.
Si el correo del negocio sigue siendo una dirección de Gmail o de Hotmail, este es también el momento de decidir el paso a un correo con el dominio propio. Se contrata en un proveedor de correo, aparte de la web, y hacerlo a la vez ahorra una migración después.
Las decisiones que no puede tomar nadie más
Tres, y conviene llevarlas resueltas:
- Qué debe hacer quien entra en la web. Llamar, escribir, reservar hora, comprar. Una sola acción principal. Una web que pide cinco cosas distintas no consigue ninguna.
- Si se publican los precios o no. Es una decisión comercial, no de diseño, y cambia por completo la estructura de las páginas.
- Qué páginas hacen falta de verdad. Lo normal es que sobren dos de las que se pensaban al principio.
Qué pasa cuando falta. Sale un folleto digital correcto en el que nadie sabe qué se espera de él. Se ve en las visitas: entran, leen y se van.
Los datos legales
Denominación fiscal, NIF, domicilio, correo de contacto y, si la hay, la inscripción en el registro mercantil. Sin eso no se pueden publicar el aviso legal ni la política de privacidad, que son obligatorios desde el primer día.
Lista de comprobación
- Una frase que explique el negocio sin jerga
- Un párrafo por cada servicio
- Datos verdaderos para la página de presentación
- Dos o tres opiniones de clientes, con permiso para publicarlas
- Entre diez y veinte fotos propias, horizontales y a buena resolución
- El logo en vectorial, o en PNG grande con fondo transparente
- Acceso confirmado al dominio, o la decisión de registrar uno
- La acción principal que debe hacer el visitante
- Precios: se publican o no
- Datos fiscales completos para los textos legales
Reunir todo esto suele ser una tarde de buscar lo que ya existe repartido entre carpetas y móviles. Lo que sale caro es descubrir que falta con la web a medio montar, porque entonces se para justo donde había impulso.
Con la carpeta lista, lo que queda es lo rápido: la web se monta aquí, se ve terminada mientras se pega cada texto en su sitio y publicarla no cuesta nada.