Saltar al contenido
Díaz Oliva
Volver al blog

Legal

Accesibilidad web: a quién obliga de verdad la norma europea

· 6 min de lectura ·

Rejilla de plantilla y facturación en la que solo queda exenta la empresa que está por debajo de los dos umbrales
Basta con superar uno de los dos umbrales para quedar obligado.

La European Accessibility Act, la norma europea de accesibilidad, se aplica en España desde el 28 de junio de 2025. Desde esa fecha, buena parte de los negocios que venden o prestan servicios por internet están obligados a que su web sea accesible. No es una recomendación de buen hacer ni una etiqueta que quede bien: es una obligación.

La reacción más habitual es suponer que eso va con las grandes empresas. Muchas veces es cierto, pero conviene comprobarlo, porque la exención en la que casi todo el mundo piensa es más estrecha de lo que parece.

Qué pide la norma

Que una persona con discapacidad visual, auditiva, motriz o cognitiva pueda usar la web sin depender de nadie: leerla, entenderla, rellenar un formulario y terminar una compra.

El estándar de referencia es WCAG 2.1 en nivel AA. Es un conjunto de criterios concretos y comprobables, no una declaración de intenciones: cada punto se verifica y se responde con un sí o un no. Un ejemplo del propio nivel AA: el texto normal necesita una relación de contraste de 4,5 a 1 frente a su fondo, y el texto grande, de 3 a 1. Eso se mide, no se opina.

La obligación alcanza sobre todo a los servicios que se contratan por internet: comercio electrónico, reservas, cita previa, banca, transporte de viajeros o contenidos digitales. Si desde tu web se compra, se reserva o se contrata, lo prudente es dar por hecho que entras y comprobar después si te libra la exención.

La exención de microempresa exige dos condiciones a la vez

Existe una exención para las microempresas que prestan servicios. Para acogerse a ella hay que cumplir las dos condiciones al mismo tiempo:

  • menos de 10 personas empleadas, y
  • hasta 2 millones de euros de volumen de negocio anual.

La conjunción es una y, no una o. Por tanto, basta con superar una sola de las dos para quedar obligado. Dicho con dos ejemplos que suelen sorprender:

  • Una empresa de 40 personas que factura 1,5 millones de euros sí está obligada. Se queda dentro del límite de facturación, pero no del de plantilla.
  • Una empresa de 5 personas que factura 3 millones de euros también lo está. Se queda dentro del límite de plantilla, pero no del de facturación.

Solo queda fuera quien está por debajo de los dos umbrales. Y los umbrales se leen así: la obligación aparece a partir de 10 personas y a partir de 2 millones, no por encima de esas cifras.

Cómo comprobarlo, en lugar de darlo por hecho

La mayoría de los negocios pequeños cumplen la exención, pero conviene tratarla como algo que se comprueba y no como algo que se supone. Hacen falta dos datos, y los dos los tiene tu gestoría:

  1. La plantilla media anual, no la de hoy. Un negocio con refuerzos de temporada puede rondar los diez sin saberlo.
  2. El volumen de negocio del último ejercicio cerrado, que es la cifra de ventas, no el beneficio. Es un error frecuente y cambia por completo el resultado.

Con esos dos números, la comprobación es de un minuto: si cualquiera de los dos llega al umbral, la exención no aplica.

Dos advertencias más. La exención no la concede nadie ni se acredita con un certificado: es una situación de hecho que hay que poder sostener si alguien pregunta. Y no es permanente: un negocio que crece deja de estar exento el año en que cruza cualquiera de las dos líneas, sin que llegue ningún aviso.

Lo que falla casi siempre

Aunque la exención te alcance, casi todo esto se arregla en una tarde y mejora la web para todo el mundo, no solo para quien tiene una discapacidad. Es lo que aparece una y otra vez al revisar una web ya publicada:

  • Contraste insuficiente. Gris claro sobre blanco, texto sobre una foto, un botón corporativo cuyo color queda a 4,4 cuando el mínimo es 4,5. Se mide con cualquier medidor de contraste y se corrige oscureciendo un tono.
  • Imágenes sin texto alternativo. Un lector de pantalla lee lo que hay en el atributo alt. Si está vacío, la imagen no existe; si dice «imagen1.jpg», es ruido. Las imágenes decorativas sí deben llevarlo vacío a propósito, que es distinto de olvidarlo.
  • Formularios sin etiqueta. El texto gris dentro del campo no es una etiqueta: desaparece al escribir y muchos lectores de pantalla no lo anuncian. Cada campo necesita su label asociada, visible.
  • Vídeos sin subtítulos. Afecta a quien no oye y también a quien mira el vídeo en el metro sin auriculares, que son muchos más. Los subtítulos automáticos, revisados a mano, resuelven el caso.
  • Navegación imposible con teclado. La prueba es rápida: recorre la web entera con el tabulador, sin tocar el ratón. Si el foco se pierde, si un menú no se abre o si no se ve qué elemento está seleccionado, ahí hay un problema.

Cuatro de esos cinco no deberían depender de ti

Esa lista es también la respuesta a qué trae resuelto de fábrica una web hecha en Díaz Oliva, y conviene decirlo con nombres concretos, porque «accesible» a secas no significa nada.

  • El contraste está medido, no elegido a ojo. Las paletas no se escriben a mano: se derivan oscureciendo cada color hasta que cumple, y después se comprueba una a una cada combinación de texto sobre fondo contra el mínimo de 4,5 (o de 3 en texto grande). No existe forma de elegir una combinación que no cumpla, porque las que no cumplen no llegan a existir.
  • Cada imagen pide su descripción en el editor, en el campo de al lado de la propia imagen. El texto alternativo deja de ser algo que se olvida y pasa a ser algo que se contesta mientras se pone la foto.
  • Donde hay formulario, cada campo lleva su etiqueta visible, asociada al campo, y no un texto gris dentro que desaparece al escribir.
  • La navegación con teclado va de serie, con su enlace para saltar al contenido y el foco siempre visible.

Lo que sigue de tu lado es lo que ninguna herramienta puede resolver: que el texto alternativo que escribas diga de verdad lo que se ve en la foto, y los subtítulos de un vídeo, si pones alguno. Y en una web que ya existe, la adecuación completa se presupuesta aparte, porque ahí lo que hay que revisar es lo que hizo otro.

Encargar la web no traslada la responsabilidad

Este punto se pasa por alto a menudo. Ante la administración y ante tus clientes, el responsable de que la web cumpla es el titular del servicio, es decir, tu negocio. Que la haya hecho una agencia, un conocido o una plataforma de plantillas no cambia quién responde.

De ahí una consecuencia práctica: hay que poder decir con qué se ha comprobado. Si la web la construye un tercero, que conste por escrito que se entrega conforme a WCAG 2.1 nivel AA, cómo se verifica y qué pasa si no se cumple. Si la montas tú sobre una herramienta, la pregunta es la misma dirigida a la herramienta: qué trae resuelto y qué queda de tu lado. En los dos casos, una respuesta que no cite el estándar ni diga con qué se ha medido no es una respuesta.

Y si ya tienes web hecha por un tercero, la pregunta que conviene hacerle es directa: ¿cumple WCAG 2.1 AA y con qué se ha verificado?

Por dónde empezar

Empieza por los dos números de la exención. Si te alcanza, revisa igualmente la lista de arriba: son fallos baratos de corregir y caros de arrastrar. Si no te alcanza, lo razonable es una auditoría de la web actual, un plan de correcciones por orden de gravedad y la exigencia por escrito para todo lo que se contrate a partir de ahora.

Nada de esto es asesoramiento jurídico. Si el caso es dudoso (una plantilla que ronda las diez personas, una facturación que se acerca al umbral, un sector con normativa propia), la consulta con quien lleve la parte legal del negocio cuesta bastante menos que rehacer una web entera.

Y si de lo que se trata es de que la web nueva nazca ya cumpliendo, se monta aquí, con el contraste medido y las etiquetas puestas antes de que escribas la primera palabra. Verla terminada no cuesta nada; solo se paga al publicarla.

Recursos del artículo

Compartir

¿La montamos?

Se hace aquí, se ve mientras se hace y se publica sin pasar por caja: el plan de entrada es gratis.