Dominio, alojamiento y correo: qué es cada cosa y de quién tiene que ser
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Casi todos los presupuestos de una web llevan una línea que dice «dominio, alojamiento y correo» como si fuera una sola cosa. Son tres servicios distintos, los pueden prestar tres empresas distintas y se cambian por separado. Confundirlos es lo que hace que, dos años después, nadie sepa dónde está contratado qué ni a quién llamar cuando algo falla.
La comparación que mejor funciona es la de un local:
- El dominio es la dirección: «Calle Mayor, 12».
- El alojamiento es el local: las paredes donde está el negocio.
- El correo es el buzón de la puerta.
Se puede cambiar de local conservando la dirección y se puede cambiar de dirección conservando el negocio. Son independientes, y esa independencia es exactamente lo que protege al cliente.
El dominio: la dirección
El dominio es el nombre que se escribe en el navegador. No se compra: se registra por periodos de uno a diez años y se renueva. Aunque lleves veinte años usándolo, sigue siendo una reserva con fecha de caducidad.
De ahí salen dos consecuencias prácticas. La renovación automática debe estar activada y con una forma de pago vigente: un dominio caducado tumba la web y el correo a la vez, y recuperarlo pasado el periodo de gracia puede costar bastante más que renovarlo. Y el correo de contacto asociado al dominio no debería estar en ese mismo dominio, porque si caduca el aviso llega a un buzón que también ha dejado de funcionar.
El alojamiento: el local
El alojamiento es el espacio en un servidor donde viven los ficheros de la web y desde donde se sirven cuando alguien la visita. Lo que se paga es capacidad y disponibilidad: espacio, tráfico soportado, potencia y, con suerte, copias de seguridad.
Se puede cambiar de alojamiento sin cambiar de dominio. Es una mudanza: se copia el sitio al servidor nuevo y se apunta el dominio hacia allí. Los visitantes no notan nada. Que sea así de sencillo, cuando las cosas están bien contratadas, es el mejor argumento para no aceptar montajes donde todo dependa de un único proveedor.
El correo profesional: el buzón, que va aparte
Tener el dominio no da correo, y el que suele incluir el alojamiento da problemas en la práctica: mensajes que acaban en la carpeta de no deseado y límites de envío bajos.
Un correo profesional es un servicio de buzones asociado al dominio, con su almacenamiento, su filtro contra el correo no deseado y su acceso desde el móvil. Es lo que separa contacto@tuempresa.es de una cuenta gratuita con el nombre de la empresa dentro. Además de la imagen, hay un motivo operativo: los buzones se dan de alta y de baja cuando cambia el equipo, y las conversaciones no se van con quien se marcha.
Conviene distinguir dos cosas que se parecen y no lo son. Una redirección reenvía a otro buzón lo que llegue a esa dirección, pero no permite responder desde ella. Un buzón real sí. Si el presupuesto dice «correo incluido», la pregunta es cuál de las dos.
Lo que une las tres piezas: las DNS
Las DNS son el directorio que traduce el nombre del dominio en una dirección de servidor: ahí se escribe qué servidor sirve la web y qué servicio recibe el correo. Es la razón técnica de que las tres piezas puedan estar en tres proveedores distintos y funcionar como una sola.
No hace falta entenderlas para contratar bien, pero sí saber quién tiene acceso a ellas: quien controla las DNS controla a dónde va tu web y a dónde va tu correo.
El titular del dominio eres tú, siempre
Es la regla que no admite matices. En el registro del dominio hay varios contactos y solo uno decide: el titular. Quien figura ahí puede transferirlo, venderlo, dejarlo caducar o negarse a moverlo. El contacto administrativo y el técnico gestionan, pero no mandan.
Que el titular sea la agencia o el informático que hizo la web no suele ser mala fe: se registró así por comodidad y nadie volvió a mirarlo. El resultado, sin embargo, es el mismo. El día que se quiera cambiar de proveedor hará falta su colaboración, y si la empresa cierra o hay una discusión sobre una factura, el nombre con el que te conocen tus clientes queda en manos de otro.
Lo correcto es que el dominio esté registrado a nombre de tu empresa o el tuyo propio, con tu NIF y con un correo tuyo como contacto. Que lo gestione otra persona es perfectamente razonable; que lo posea, no.
Qué preguntar antes de contratar
- ¿Quién figura como titular del dominio? Pide ver el dato registrado, no una confirmación verbal.
- ¿A nombre de quién están las cuentas de cada servicio y quién tiene acceso a las DNS?
- ¿Qué se paga y cada cuánto? Dominio, alojamiento y buzones tienen precios y ciclos distintos.
- ¿El primer año es promocional? Muchas ofertas suben bastante en la primera renovación. La cifra que importa es la de renovación.
- ¿El correo es buzón o redirección, y cuánto espacio tiene cada uno?
- ¿Qué pasa si mañana te llevas la web a otro proveedor? La respuesta debe ser una lista de pasos, no una pausa incómoda.
Cuánto cuesta esto al año
En España, y con IVA incluido, los órdenes de magnitud razonables son:
- Dominio .es o .com: entre 12 € y 25 € al año.
- Alojamiento suficiente para una web de empresa: entre 60 € y 200 € al año.
- Correo profesional: entre 5 € y 8 € al mes por buzón.
En total, entre 150 € y 350 € al año para un negocio pequeño con un par de buzones. Son cifras modestas comparadas con el coste de la web, y por eso mismo no compensa ahorrar aquí a costa de perder el control de la dirección con la que te encuentran tus clientes.
Cómo se reparten las tres piezas aquí
Vale la pena decir dónde encaja cada una, porque no van todas en el mismo sitio y las tres se anuncian juntas demasiado a menudo.
El alojamiento va dentro de la cuota, con el certificado y las copias. No se contrata aparte ni aparece como línea: una web publicada está servida, y eso ya está pagado con la cuota de su plan. Los importes están en la página de precios.
El dominio se compra por tu cuenta, en el registrador que prefieras, y queda a tu nombre, con tu NIF y un correo tuyo como contacto. Aquí no se vende ninguno y se dice claro: cobrar por un trámite que hace otro sería cobrar por nada. Lo que sí se da, y no cuesta dinero, es la guía exacta para traerlo: los dos registros que hay que crear, escritos para el panel concreto de tu proveedor. Lo que no cambia es quién figura como titular, que eres tú.
El correo no se vende aquí, y decirlo es más útil que ofrecerlo mal. Es un servicio de buzones que presta un proveedor de correo, se contrata en cinco minutos y se apunta desde las DNS del dominio. Que lo lleve otro no es un inconveniente: es exactamente la independencia de la que trata este artículo. La única condición sigue siendo la de siempre, que la cuenta esté a tu nombre.
La web, que es la pieza que va dentro de ese local, se monta aquí: se ve terminada mientras se escribe y publicarla no cuesta nada.